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Por Nayeli Rueda
Tener miedo es una de las principales emociones que enfrentamos los seres humanos. Y las niñas y los niños no son la excepción. Experimentar esta emoción es normal y hasta cierto punto necesaria. Es parte del crecimiento y del desarrollo psicosocial de los pequeños.
Sentir miedo “es una especie de alerta psicológica para evitar que nos metamos en riesgos, o bien, que nos aleja del peligro”, explica la psicóloga Xóchitl González Muñoz, directora y fundadora de Psicología para Niños.
La psicóloga infantil, autora de ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, comenta que esta sensación es parte del crecimiento y desarrollo de los infantes, así como de su autoestima, su autoconcepto y su conciencia emocional. Enfatiza que así como no está mal enojarse, tampoco está mal sentir miedo.
La función de las emociones es ayudar a adaptarnos a la situación que estamos viviendo. En la infancia tenemos que aprender a darle cauce a ese miedo. “Los padres necesitan ayudar a los niños y niñas a bajar la intensidad de esa emoción. Ellos van a fungir como sistema de regulación emocional”.
De acuerdo con la publicación “Orientación para familias sobre Autorregulación emocional y alternativas para eliminar la violencia en la crianza”, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), entre los dos y tres años de edad los niños pequeños experimentan cambios en su comportamiento que pueden manifestarse a través de diferentes temores.
Estos son signos de madurez que reflejan cómo los niños están poco a poco comprendiendo el mundo que los rodea, por ejemplo: tener miedo a la oscuridad, a quedarse solo, a nuevos sonidos o a ciertos animales.
Y que desaparezcan estos temores dependerá de la etapa de desarrollo y madurez en la que se encuentren los menores de edad, pero también de cómo afronten sus temores en el día a día, apunta González Muñoz.
La edad en la que el miedo a la oscuridad y a los monstruos se exacerba es entre los seis y los ocho años de edad.
Con decirle a un niño “no tengas miedo” no vas a ayudarlo a que deje de sentir temor, enfatiza la psicóloga infantil. Tampoco le consuela que le digas “tienes que ser valiente”, pues esas narrativas invalidan las emociones de los demás.
Ayudar a un pequeño a superar sus temores requiere paciencia y empatía por parte de los padres. El miedo evoluciona y conforme se afronte se va a ir superando. Poco a poco, un niño o niña se irá sintiendo cada vez más seguro y listo para afrontar más cosas.
Si tu niño tiene miedo de que un monstruo salga del clóset por la noche, la especialista sugiere que le permitas expresarlo y usar esa fantasía e imaginación para crear, junto con él o ella, pócimas mágicas con el fin de atrapar o destruir a esa bruja o ser monstruoso.
Así, para que un niño o niña que tiene miedo le pueda dar cauce a esa emoción, necesita:
Asimismo, hay frases que debes evitar decir, pues NO ayudarán a tu pequeño a dejar de tener temor. Algunas de ellas son:
Cuando el miedo es desproporcionado, es decir, que paraliza e imposibilita, o incluso hay síntomas fóbicos que no permiten a un pequeño dormir por varias noches, o quizá esa angustia es desadaptativa, al grado de que una niña o niño deja de hacer cosas por miedo, debes consultar a un especialista.
“Apoya a tu hijo a crear conciencia de dónde siente el miedo y descubra qué le está pasando corporalmente: si le duele la panza o la cabeza, si le sudan las manos o las siente pesadas. Hablen sobre el miedo, permítele sentirlo”.
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